Introducción
Viajar después de los 70 años puede ser profundamente gratificante: descubrir destinos nuevos, compartir tiempo con la familia y construir recuerdos que se quedan para siempre. Aun así, con el paso de los años aparecen ciertos riesgos de salud que a menudo se subestiman. Tenerlos presentes no significa renunciar a viajar, sino hacerlo con planificación y prevención, con una mirada cercana al estoicismo: aceptar lo que no podemos controlar y reforzar lo que sí está en nuestras manos.
1. Trombosis venosa profunda (TVP)
Los trayectos largos en avión, autobús o tren pueden favorecer la formación de coágulos, especialmente si se pasa mucho tiempo sentado. Para reducir el riesgo, conviene:
- Levantarse y caminar cada cierto tiempo
- Mover pies y piernas estando sentado
- Mantener una buena hidratación
- Valorar medias de compresión si el médico las recomienda
2. Deshidratación
En personas mayores, la deshidratación puede presentarse antes y con síntomas más marcados. El aire seco en cabina, el calor en el destino o simplemente beber menos agua de lo habitual pueden afectar la presión arterial y el equilibrio, aumentando la sensación de debilidad o mareo.

3. Mayor exposición a infecciones
Con un sistema inmunitario más vulnerable, aumentan las probabilidades de contraer gripe, resfriados o incluso neumonía, sobre todo en espacios concurridos como aeropuertos. Es recomendable:
- Mantener al día las vacunas indicadas
- Reforzar la higiene de manos
- Evitar el contacto cercano con personas visiblemente enfermas cuando sea posible
4. Molestias digestivas durante el viaje
Cambiar de alimentación, modificar horarios o comer más pesado de lo habitual puede causar estreñimiento, diarrea o malestar estomacal, situaciones especialmente comunes en la tercera edad. Ajustar la dieta con prudencia y priorizar comidas ligeras suele ayudar.
5. Desorientación y sobrecarga cognitiva
Los cambios de entorno, el jet lag, los traslados constantes y el exceso de estímulos pueden provocar confusión o desorientación, sobre todo en quienes ya viven con deterioro cognitivo leve. Mantener rutinas simples y reducir la sobrecarga de actividades puede marcar la diferencia.
6. Caídas y accidentes
Las caídas son un riesgo real en aeropuertos, hoteles, estaciones o calles con escalones y superficies irregulares. Para disminuir el peligro:
- Usar calzado estable y antideslizante
- Tomarse el tiempo necesario al caminar
- Utilizar bastón u otro apoyo si ya se usa en casa o se considera útil
7. Altitud y condiciones climáticas extremas
Destinos con gran altitud, calor intenso o frío severo pueden agravar problemas cardíacos o respiratorios. Adaptarse de forma gradual, evitar esfuerzos innecesarios y considerar el clima antes de planificar excursiones ayuda a viajar con más seguridad.
8. Medicación y acceso a atención médica
Olvidar un medicamento o llevar menos dosis de las necesarias puede convertirse en un problema serio. Además, en algunos países puede ser difícil acceder a ciertos fármacos o a una atención sanitaria comparable. Es clave:
- Llevar medicación suficiente para todo el viaje (y un margen extra)
- Conservar una lista de tratamientos
- Anticipar cómo y dónde recibir atención médica si hiciera falta
Conclusión
Viajar después de los 70 no solo es posible: puede ser una etapa especialmente valiosa. La clave está en combinar ilusión con prudencia, preparando el viaje con anticipación y tomando medidas preventivas. Desde una actitud estoica, se trata de reconocer los riesgos sin permitir que el miedo gobierne las decisiones. Con consciencia y cuidado, el camino se disfruta con mayor tranquilidad.
Aviso importante
Este contenido es únicamente informativo y no sustituye la opinión de un profesional. Antes de viajar, toda persona mayor debería consultar con su médico y preparar un plan de salud adaptado a su condición y destino.


