Ingredientes
- 1 cucharada de miel: aporta hidratación y ayuda a mantener la piel limpia gracias a sus propiedades antibacterianas.
- 1 cucharadita de aceite de coco o de oliva: nutre en profundidad y deja la piel más suave.
- 1/2 cucharadita de jugo de limón (opcional): iluminador natural; se recomienda evitarlo si tienes la piel sensible.
- 1 cucharadita de pulpa de pepino o puré de papaya: contribuye a unificar el tono, atenuar el aspecto de manchas y mejorar la textura.
- 1 cápsula de vitamina E (opcional): favorece la regeneración cutánea y ayuda a suavizar líneas finas.
Preparación
- En un recipiente pequeño, combina la miel con el aceite elegido hasta obtener una mezcla homogénea.
- Incorpora el jugo de limón (si lo vas a usar) y la pulpa de pepino o papaya. Remueve hasta integrar.
- Si añades vitamina E, perfora la cápsula y vierte el contenido en la preparación.
- Ajusta la mezcla hasta conseguir una textura cremosa, fácil de extender sin que gotee.
Cómo aplicarla
- Limpia el rostro con agua tibia y un limpiador suave para retirar suciedad e impurezas.
- Extiende la mascarilla de forma uniforme, evitando el contorno de ojos.
- Deja actuar 15 a 20 minutos.
- Aclara con agua tibia y seca con toques suaves (sin frotar).
- Finaliza con tu crema hidratante habitual.
Consejos y precauciones
- Frecuencia recomendada: úsala 2–3 veces por semana.
- Piel sensible: omite el limón o realiza una prueba de tolerancia en una zona pequeña antes de aplicarla en todo el rostro.
- Resultados: la constancia marca la diferencia; los cambios suelen apreciarse tras varias semanas de uso regular.
- Conservación: puedes guardar una pequeña cantidad en la nevera durante 2–3 días.


